martes, 2 de julio de 2013

Te dan una corona

Es para ti. Es sólo para ti. Nadie más podría llevarla. Tiene todas las joyas que puedes imaginar o desear. Te dicen que es para tu cabeza. Solo para tu cabeza. Que siempre ha sido para ti, por destino. Por destino es para ti. Es tu corona. Te dicen que te la mereces. Que todo lo de antes ha sido para llevarla. Tu cabeza se adapta a ella. No pesa porque es ligera. Es hermosa. Es brillante. Es sólo para ti.

Un día te la quitan. Te quitan la corona. Ya no es tuya. Será para otra. Porque la corona sigue existiendo y sigue brillando y sigue teniendo todas las joyas que puedes imaginar o desear. Y no es para ti. Te dicen que quizás nunca lo fue. Que encontrarán a otra para llevarla. Que no pasa nada, que pienses en lo feliz que fuiste llevándola. Que no pasa nada, que no es importante. Tu cabeza no cuadra con esa corona. No está hecha para ti.

Se la llevan lejos, a otro sitio. Se la llevan para limpiarla y guardarla.

Y dentro de poco hará frío y no habrá corona. Tu cabeza seguirá ahí. Tus ojos debajo para ver todo lo que sucede.

Tú dentro de tus ojos. Viéndolo todo.

Tú vuelves a estar sola. No hay corona. Te acuerdas de ella. De cómo era y de cómo te sentías. De las palabras. De cuando te las creíste.

Te lo creíste.

Ahora ya no hay corona.

No hay nada.

Solo las miradas lastimeras de los que dicen "Te lo dije".

Nadie te pone una corona a ti. No, no a ti. A ti no.

Hoy es 3 de julio. El domingo fue 30 de mayo. Antes de que tú sintieras que te quitaban la corona, la decisión había sido anunciada.

La corona de Omadón (Ommadon) me ha parecido siempre la joya más hermosa jamás creada. 

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