Estas semanas ha tenido lugar, entre otras cosas (y odio empezar con un tema tan de actualidad) lo de Vigalondo.
Sin entrar en pormenores, fue más o menos así:
- Nacho Vigalondo pone una broma sobre el Holocausto en su Twitter.
- Los followers se mosquean.
-Los medios se hacen eco y lo sacan de contexto.
- La ira de los no-followers y de gente que ha leído la noticia descontexualizada, se retroalimenta.
- El País despide a Nacho Vigalondo*.
- Los amigos de Nacho hacen un manifiesto para expresar su malestar por una reacción desmesurada.
- Hay cierto cachondeo con las "ocupaciones" elegidas por algunos de los firmantes.
-El País hace un artículo sobre las consecuencias de usar Twitter, sin mencionar a Vigalondo.
Y tenemos como resultado a gente del entorno Vigalondo ampliado discutiendo sobre lo de las ocupaciones, gente ofendida, y followers que ya se han olvidado de lo que pasó. Bueno, y a una persona que ya no está en El País. El tema se convierte en tema de conversación en bares, redes sociales, y llamadas telefónicas. Principalmente de apoyo. Y los que se han ofendido con la broma se dedican a hacer amenazas en firme, serias e hirientes, a la persona que empezó todo esto.
Lo que creo que hay detrás de todo esto no es tanto un comentario desafortunado como el odio enquistado hacia una persona. En este caso, Nacho Vigalondo, que en el 2004 fue candidato a los Oscars con el cortometraje "7:35 de la mañana". En 2004 era el chico de oro y tuvo una presencia enorme en los medios, alentada por su magnética personalidad y su sentido del espectáculo. Pero esa exposición fue convirtiendo la admiración en odio para, al menos, una parte del público. Una parte que quizás sea más grande de lo que creemos. Nacho es ahora un subvencionado, un director de películas mediocres (o que no se entienden, que creo que es lo que querían decir sus detractores), un pueblero, un tío que se ha quedado en el camino, un graciosillo... un montón de cosas que suman una descalificación categórica cuyo resultado es un "No vales".
En resumen - y este es uno de los muchos resúmenes que se podrían hacer de los hechos - , que los pelotones de linchamiento se forman como las tormentas en las selvas tropicales: la humedad se acumula, forma nubes, estalla el temporal, y se disuelve rápidamente hasta que la masa arbórea vuelve a formar las nubes. Pero en este caso tiene mucha menos plasticidad.
En la novela "Todo lo que se llevó el Diablo", de Javier Pérez Andújar, hay un pasaje muy desagradable en el que los jóvenes del pueblo torturan a un artista de circo por un comentario poco afortunado. la burla inicial del artista es mucho menos lesiva que la reacción del público, pero este, sintiéndose ofendido, rebasa todos los límites de lo que entendemos por civilización.
Y es que la civilización, considerada por Rosseau como el tercer estadio de la Cultura, aún no ha llegado. Estamos en la barbarie.
Hay más hechos recientes que tienen que ver con esto, pero no quiero comentarlos ahora.
* El año pasado, Manolo Lama, que también trabajaba en el grupo PRISA, protagonizó un suceso parecido. Una broma que se iba de las manos pero, en este caso, en vivo, con las cámaras, y con un mendigo como víctima. Manolo Lama no fue despedido a pesar de las peticiones de gente que se había ofendido con el trato dispensado al señor homeless. Manolo Lama mueve bastante más público que Nacho Vigalondo.