Será quizás la edad, porque a ratos echo de menos aquella época de Geocities en la que colgábamos relatos que eran en realidad una suerte de historias autobiográficas.
viernes, 16 de diciembre de 2011
viernes, 7 de octubre de 2011
sábado, 17 de septiembre de 2011
Venid a las Cloacas
Ayer, por una feliz coincidencia, acabé en el Pequeño Cine Estudio viendo "Venid a las Cloacas", de Daniel Arasanz. Es un documental de bajo presupuesto (iba a poner "modesto" pero me he dado cuenta de que parecía que quiero decir que es una mierda) sobre la Banda Trapera del Río, que nada tiene que ver con el punk tal y como lo conocemos ahora.
Hay un canon en las películas sobre grupos de música: se forman, triunfan, y se desintegran. Como espectador, sacas la conclusión de que las drogas, la fama y el dinero, combinados, son mortales y te vuelven gilipollas. En la Banda Trapera del Río están las drogas, está la fama, el dinero está en algún momento, y te das cuenta de que el momento de triunfo no llega a producirse. Al igual que en "Anvil", ves en pantalla a los tíos más auténticos que te puedas echar a la cara hablando en unos bares que son sin duda el resultado de un casting de locales deprimentes. Todo en estos documentales parece querer decirte que el precio de la autenticidad es el ostracismo. Y la ruina, y la frustración.
En sus declaraciones sobre los curriquis, Cornellá, y la industria discográfica, es fácil entender por qué se la pelaba todo. Lo que no se entiende es que treinta años después, con los mismos problemas, no surja un movimiento similar. Los rockeros de Cornellá se parecen bastante a lo que son los pokeros de hoy, pero algo habrá pasado para que en 1977 quisieran cagarse en todo y ahora solo quieran ganar un sueldito para arreglar el coche y comprar pastillas. ¿Dónde está ahora la excepción?
Yo creo que algo ha pasado. El año pasado fui a ver la excelente exposición sobre cine kinki de los ochenta en La Casa Encendida y me llamó la atención un fanzine hecho por presidiarios que tenían menos faltas que cualquier perfil de Badoo de alguien que tenga un expediente impecable. Me llama la atención ver que la gente que sale en "Venid a las Cloacas" leía, veía películas, y escuchaba música, mientras que lo que uno puede encontrarse ahora mismo en un sitio así es una persona absolutamente embrutecida por promesas de un lujo inalcanzable (e inexistente), y por la idea del éxito. Y si salimos de los barrios más humildes, podemos pasarnos por la Universidad y ver que no es ya una cuestión socio-económica, sino algo mucho más grave y profundo.
En otras palabras, que mi reflexión sobre el documental y sobre las cosas en general se resumen en un clásico de barra de bar: nos estamos volviendo gilipollas.
Style by Jury
Esta mañana me he levantado, me he puesto el desayuno, y me he puesto a ver Divinity. Estaban poniendo el reality "Style by Jury", que sigue la línea de los realitys editados y guionizados (por ejemplo "Next", "Supernanny", o "Princesas de Barrio").
Se trata de coger a una persona de baja extracción social que tiene problemas graves (una casa que no puede pagar, tres hijos y ningún marido, y algunas ilusiones poco realistas) y un paupérrimo sentido de la moda, para convertirla en una persona del montón. En los tres programas que he visto han pasado tres madres solteras; una de ellas se vestía como una prostituta económica, otra como Bonny Tyler, y la tercera como una yonki (de hecho, era hija de alcohólicos). Las tres estaban en paro o en trabajos de los de ir tirando (con los que tanto me estoy relacionando últimamente). Y las tres han tenido que pasar, entre otras cosas, por un psicoanalista que les ha explicado por qué es malo tener una personalidad.
Bien es cierto que han ido allí porque querían cambiar, pero no entiendo por qué les han cambiado hacia una cosa que no son ellas.
Al principio y al final, los miembros de un jurado de gente que aparecía por allí (distintas profesiones) evaluaba su interior por lo que veían fuera. Tras pasar por las manos de un estilista, un peluquero, la psicoanalista, y una pareja de dentistas, se convertían en señoras que hacen la compra con pelo capeado y mechas caoba. Y volvían a su casa seguras de que ahora iban a poder encontrar trabajo.
El programa tiene una clara moraleja. Y un drama de fondo: seguramente mucha gente vaya porque es la única manera que tiene de arreglarse la dentadura.
jueves, 8 de septiembre de 2011
domingo, 13 de febrero de 2011
La tormenta (parte 1)
Dar explicaciones no sirve para nada. Quien las recibe (gente que se considera tener la bastante autoridad como para juzgar el comportamiento de desconocidos) siempre buscará el lado negativo del suceso.
Estas semanas ha tenido lugar, entre otras cosas (y odio empezar con un tema tan de actualidad) lo de Vigalondo.
Sin entrar en pormenores, fue más o menos así:
- Nacho Vigalondo pone una broma sobre el Holocausto en su Twitter.
- Los followers se mosquean.
-Los medios se hacen eco y lo sacan de contexto.
- La ira de los no-followers y de gente que ha leído la noticia descontexualizada, se retroalimenta.
- El País despide a Nacho Vigalondo*.
- Los amigos de Nacho hacen un manifiesto para expresar su malestar por una reacción desmesurada.
- Hay cierto cachondeo con las "ocupaciones" elegidas por algunos de los firmantes.
-El País hace un artículo sobre las consecuencias de usar Twitter, sin mencionar a Vigalondo.
Y tenemos como resultado a gente del entorno Vigalondo ampliado discutiendo sobre lo de las ocupaciones, gente ofendida, y followers que ya se han olvidado de lo que pasó. Bueno, y a una persona que ya no está en El País. El tema se convierte en tema de conversación en bares, redes sociales, y llamadas telefónicas. Principalmente de apoyo. Y los que se han ofendido con la broma se dedican a hacer amenazas en firme, serias e hirientes, a la persona que empezó todo esto.
Lo que creo que hay detrás de todo esto no es tanto un comentario desafortunado como el odio enquistado hacia una persona. En este caso, Nacho Vigalondo, que en el 2004 fue candidato a los Oscars con el cortometraje "7:35 de la mañana". En 2004 era el chico de oro y tuvo una presencia enorme en los medios, alentada por su magnética personalidad y su sentido del espectáculo. Pero esa exposición fue convirtiendo la admiración en odio para, al menos, una parte del público. Una parte que quizás sea más grande de lo que creemos. Nacho es ahora un subvencionado, un director de películas mediocres (o que no se entienden, que creo que es lo que querían decir sus detractores), un pueblero, un tío que se ha quedado en el camino, un graciosillo... un montón de cosas que suman una descalificación categórica cuyo resultado es un "No vales".
En resumen - y este es uno de los muchos resúmenes que se podrían hacer de los hechos - , que los pelotones de linchamiento se forman como las tormentas en las selvas tropicales: la humedad se acumula, forma nubes, estalla el temporal, y se disuelve rápidamente hasta que la masa arbórea vuelve a formar las nubes. Pero en este caso tiene mucha menos plasticidad.
En la novela "Todo lo que se llevó el Diablo", de Javier Pérez Andújar, hay un pasaje muy desagradable en el que los jóvenes del pueblo torturan a un artista de circo por un comentario poco afortunado. la burla inicial del artista es mucho menos lesiva que la reacción del público, pero este, sintiéndose ofendido, rebasa todos los límites de lo que entendemos por civilización.
Y es que la civilización, considerada por Rosseau como el tercer estadio de la Cultura, aún no ha llegado. Estamos en la barbarie.
Hay más hechos recientes que tienen que ver con esto, pero no quiero comentarlos ahora.
* El año pasado, Manolo Lama, que también trabajaba en el grupo PRISA, protagonizó un suceso parecido. Una broma que se iba de las manos pero, en este caso, en vivo, con las cámaras, y con un mendigo como víctima. Manolo Lama no fue despedido a pesar de las peticiones de gente que se había ofendido con el trato dispensado al señor homeless. Manolo Lama mueve bastante más público que Nacho Vigalondo.
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