sábado, 17 de septiembre de 2011

Venid a las Cloacas

Ayer, por una feliz coincidencia, acabé en el Pequeño Cine Estudio viendo "Venid a las Cloacas", de Daniel Arasanz. Es un documental de bajo presupuesto (iba a poner "modesto" pero me he dado cuenta de que parecía que quiero decir que es una mierda) sobre la Banda Trapera del Río, que nada tiene que ver con el punk tal y como lo conocemos ahora.
Hay un canon en las películas sobre grupos de música: se forman, triunfan, y se desintegran. Como espectador, sacas la conclusión de que las drogas, la fama y el dinero, combinados, son mortales y te vuelven gilipollas. En la Banda Trapera del Río están las drogas, está la fama, el dinero está en algún momento, y te das cuenta de que el momento de triunfo no llega a producirse. Al igual que en "Anvil", ves en pantalla a los tíos más auténticos que te puedas echar a la cara hablando en unos bares que son sin duda el resultado de un casting de locales deprimentes. Todo en estos documentales parece querer decirte que el precio de la autenticidad es el ostracismo. Y la ruina, y la frustración.

En sus declaraciones sobre los curriquis, Cornellá, y la industria discográfica, es fácil entender por qué se la pelaba todo. Lo que no se entiende es que treinta años después, con los mismos problemas, no surja un movimiento similar. Los rockeros de Cornellá se parecen bastante a lo que son los pokeros de hoy, pero algo habrá pasado para que en 1977 quisieran cagarse en todo y ahora solo quieran ganar un sueldito para arreglar el coche y comprar pastillas. ¿Dónde está ahora la excepción?

Yo creo que algo ha pasado. El año pasado fui a ver la excelente exposición sobre cine kinki de los ochenta en La Casa Encendida y me llamó la atención un fanzine hecho por presidiarios que tenían menos faltas que cualquier perfil de Badoo de alguien que tenga un expediente impecable. Me llama la atención ver que la gente que sale en "Venid a las Cloacas" leía, veía películas, y escuchaba música, mientras que lo que uno puede encontrarse ahora mismo en un sitio así es una persona absolutamente embrutecida por promesas de un lujo inalcanzable (e inexistente), y por la idea del éxito. Y si salimos de los barrios más humildes, podemos pasarnos por la Universidad y ver que no es ya una cuestión socio-económica, sino algo mucho más grave y profundo.

En otras palabras, que mi reflexión sobre el documental y sobre las cosas en general se resumen en un clásico de barra de bar: nos estamos volviendo gilipollas.

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