jueves, 21 de junio de 2012

La gente corre

Desde que empecé a correr habitualmente, me he preguntado por qué la gente corre. Por qué hay tanta gente por la calle dándolo todo, y tantísima gente en unas carreras populares que son lo más parecido al Salón del Manga que he conocido.

Esta noche, completamente hundida por circunstancias que no vienen al caso, me he dado cuenta del por qué: En una época en la que nos han despojado del trabajo, del dinero, de la dignidad, y casi de la esperanza, es la única cosa que podemos hacer por poco dinero - con la salvedad de los gilitecnos que necesitan llevar encima 1000 € en ropa y gadgets para salir a correr 2km- y que nos lo da todo. El esfuerzo es nuestro, el fracaso, el triunfo, y la ilusión, también. Corriendo la media maratón me paré a dos kilómetros de la meta porque creía que no podía más. Una chica se paró detrás de mi y, sin decirme nada, me puso la mano en el hombro. Fueron unos segundos, pero se paró para darme aliento a mi, sin conocerme de nada, y en menoscabo de su propio tiempo de carrera. Eso, colegas, es solidaridad. Eso es muy guay.

Todos los días que me da pereza correr pienso en lo que me ha dado el deporte (cosa que antes despreciaba). Me ha devuelto la salud y la ilusión. Y algo de autoestima. Me pide tiempo, pero también me ofrece muchas cosas. Me deja desahogarme, me deja poner las cosas en perspectiva y, sobre todo, me hace saber que todo lo que tengo y lo que no tengo es mío por completo.

No me extraña que cada vez corra más gente. Corriendo redescubres la calle, y a veces aprendes a escucharte a ti mismo. Escuchas cosas que no querrías saber que sabes. Y a veces te torturas con un mismo pensamiento o una misma canción para aguantar, pero merece la pena. A mi me merece muchísimo la pena ver que hay tanta gente tan distinta entre si que puede unirse para hacer algo que en un principio suena idiota. Pero lo idiota es pensar que levantarse un domingo a las ocho para ir a correr no merece la pena. Yo he encontrado el tesoro.

2 comentarios:

  1. Buena reflexión, sí señora. Todavía podría ampliarse más, en el sentido de que en tiempos de crisis como estos, en los que (desgraciadamente) la gente tiene más tiempo libre (paro) y menos dinero, muchas personas están descubriendo placeres y vías de escape para los que antes no tenían tiempo, pero que ahora necesitan de alguna manera para no derrumbarse del todo. Seguramente correr es una alternativa a apuntarse a los gimnasios, y también la lectura o la música son alternativas relativamente económicas. ¿Es posible que la crisis dé paso a un mayor interés en el deporte (en practicarlo, más que en verlo) y en la cultura? Bien podría ser. Algo bueno habríamos sacado de la situación, pues.

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